
Caminando , por una calle camino a mi casa… comencé a sentir que el piso me comían los pies. Asqueada, las naucias me consumen la gargantas, unas ganas de vomitar la sorpresa y un asombro no deseado, se están tomando mi boca.
No entiendo que es, si es el olor a orina de las calles, que solo yo parezco percibir, o es eso cuadros semi-artísticos que me atacan desde la pared que esta justo frente al metro.
El aire de la mañana no me ayuda en nada, y a pesar de que anoche bebí demasiado, se que estas arcadas no son de alcohol, ni de mi estomago que esta pidiéndome salir a pasear un rato.
La brisa que sale de las ventilaciones de los edificios tiene un hedor a desgano. Y cuando paso por sobre esas rejillas siento que la ciudad me esta echando a gritos para mi casa.
No puedo quitarme el olor ni las náuseas, parece que mi cuerpo estuviera conmovido ante tanta insustancia. No quiero mirar, no quiero oler, no quiero tocar. Los sentidos se me han saturado de basuras y resto, no logran percibir diferencias, solo la sensación de irritación , de esa molestia constante y penetrante que entra por mis narices y termina en mi nuca.
Un grupo de borrachos se gritan chistes inentendibles en la escalera al metro. Paso al lado de ellos poseída por un terror inentendible e injustificado. Corro bajando las escaleras hasta sentirme a salvo.
Sigo bajando en un subterráneo de ideas que comienzo a ordenar. Si , soy yo , soy la misma, no me he cambiado de traje, ni me ido a otro país, soy la misma. Me abrazo para sentirme, protegerme, con el miedo que me produce descubrir a un ser humano desnudo. Sin boca , y con palabras, con toques y sin manos.
Sentada en el piso del vagón, me muerdo los labios mirando si encuentro algún rostro conocido, no hay nada, por lo menos el la imagen del tren en movimiento me relaja, me produce placer alejarme de todo, aunque sea por algunos momentos.
Busque respuestas y las encontré. De la forma que no quería, pero las encontré. El ser, mezcla sus pretensiones de verdad, y un montón de intenciones que no quieren ser culpables de nada.
Nadie quiere ser malo, ni bueno, nadie quiere ser el cordero de sacrificio, ni el guerrero despiadado cobrando venganza. Solo es, que el hombre, se ve involucrado en una serie de situaciones que, en general, y naturalmente, no puede controlar. No soy yo , ni ellos , ni un ser superior que las controla (creo), simplemente son una serie de intenciones, que se entrelazan en una seguidilla de hechos desafortunados he inconclusos…
Llego a mi estación, sigo sintiendo las ganas de correr, de tomar otro tren y seguir cualquier otro camino que me lleve a cualquier parte.
La ducha caliente, tanto que me quema la piel, me da bofetadas que me despiertan la conciencia y me hacen sentir limpia.
Sentada en mi cama, miro por mi ventana, teniendo en mis manos un cigarrillo casi extinto, y vuelvo a repetir, lo que dije alguna vez cuando aun era niña, y vuelvo a sentir la fe que algún dia perdi, caminando por esta cuidad, que hoy me niega como su hija.
Ya no queda nada… ya estoy en mi hogar

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