Hoy me escape de Santiago para ir a uno de mis lugares favoritos… Valparaíso. Partí con uno de mis mejores amigos…una persona que lleva una doble vida… en una es estudiante de una carrera de prestigio…y en la otra, oculta y sórdida es fotógrafo.
No era la primera vez que iba, así que pude observar con más meticulosidad cada lugar. Como siempre llegar me produce una cierta nostalgia (clásica) y a la vez con la sensación de volver a un lugar donde no tengo el reloj a cuestas… debe ser porque no vivo ahí.
Al bajarme del bus, y caminar por av. Pedro Montt , recordé esas tardes cuando acompañaba a mi papá a dejar los muebles de nuestra pequeña fabrica, a la tienda de Don Érico Kauffman, un abuelito dulce y amoroso, que huyo de sus memorias para vivir en Chile. Recuerdo sus números grabados en el antebrazo. Después de su tierna despedida, cuando terminábamos de descargar, venia el premio de un completo gigante para el camino.
En fin… lo que quería reflexionar se relaciona con Valparaíso como ciudad.
Mientras buscábamos el rincón perfecto para la foto mas típica, por primera vez me percate de lo perturbante de los grafitis, no de esos verdaderos cuadros de arte contemporáneo, ni los murales de la brigada Ramona Parra, sino de aquellos que rayan sobre ellos. Que autoflagelación más grande. Perturban cualquier inspiración poética, vuelven un espacio cotidiano, en un espacio invadido, en un espacio excesivamente tocado, poco compartido y más bien lo transforman en olvidado. Trato de imaginarme como seria hace 20 años atrás, veo los mismos colores, la misma vista, las mismas calles, pero con una sensación tan distinta. ¿Acaso Neruda hubiera marcado su firma en cada muro, o algún trovador, o algún marinero borracho, hubieran marcado su territorio sobre las piedras, los cuadros hermosos, los mosaicos que surgen como maleza entre cada pedazo de pared extraviada? Se que sueno como anciana amargada, pero me duele ver que un lugar tan hermoso he irrepetible sea consumido por el desgano, la inconsciencia y la vanalidad.
¿De quien será la culpa?, esa si que es una pregunta difícil.
Sera de las “modas de ahora”, será de aquella educación tan esquiva, o será de las autoridades, que aun no entienden su rol paternalista o no se asumen como custodios de una mística tan escasa en nuestro país.
Creo a mi humilde opinión, que es por la falta de identidad que tenemos los chilenos. Deseamos tanto ser prole de cualquier rama extranjera, y buscamos siempre alguna pequeña partícula sanguina que nos lleve a otro lugar. Si quisiéramos en verdad nuestra fuente, si tan solo valoráramos mas lo que salió de nuestras manos y de los que vinieron desde lejos a amar esta tierra, no seria tan difícil poder tener un país entero de centros turísticos, no seria tan agotador tratar de educar a los niños en el respeto a esas cositas que nos hacen ser vecinos, no costaría tanto tener un monumento patrimonios de la humanidad.
Por eso mi querido Valparaíso
Creo que te estas poniendo viejo,
Te estas agrietando, se están desgastando tus manos, sí esas, con las que abrazabas el mar, y de las que ahora te cuelgan bastones de hierro.
Te estas escondiendo entre detrás de esas canas de cemento
Y te tapas con un chal de restos y cables.
Mí querido Valparaíso... No te me vallas a morir.
Karina de los andes

3 comentarios:
Sé que somos disidentes en muchos temas. Quizá en este también.
La riqueza de un pueblo está en su mística o en su magia. Yo considero que cada lugar en que haya una imagen definida, como por ejemplo Valparaíso, es un pequeño tesoro digno de una gran riqueza cultural y patrimonial más allá del decreto. Sin embargo, esta riqueza se pierde en lo absurdo de la negación hacia un pueblo construido con esfuerzo y humor bajo modas ciegas que se burlan de esta construcción.
Valparaíso, una calle de Santiago, un pueblo del sur, son todos hermosos lugares que deberían ser respetados, sin embargo hay un proceso de no-identificación con lo que se ha planteado como propio, y con lo que se entendió impuesto como propio hace varias décadas atrás.
La no-pertenencia es un proceso -a mi juicio- multifactorial, que inovlucra desde la imposición de cánones a respetar, como por ejemplo, durante la dictadura, hasta el grave problema de la educación. Ésta última se cirscuncribe sólo al academicismo formal y se olvida de lo personal y de lo público, de aquello que compartimos. Como parte de la experiencia vivida se puede transmitir el valor de una construcción constante, voluntaria e indeterminada aún hacia muchos jóvenes en su eduación.
Para respetar algo hay que sentir identificación y pertenencia. Algo está sucediendo que los chilenos, soberanos de su propia tierra, dañan lo que es suyo.
Lo que nos pertenece es amado; lo que nos pertenece NO es víctima de nuestros antojos e impulsos. He ahí un gran problema. "Esto es mío y hago lo que quiero". Sin embargo, el trato a lo querido involucra la beneficencia y la no-maleficiencia (odio esos términos, pero son aplicables).
¿Qué podemos hacer para que surja la identificación? ¿El emblema es tal? Quizá estamos pagando el precio de la copia eterna y repetitiva de nuestra historia: la negación de nuestras raíces, los aires arribistas. Hoy somos una amalgama de colores poco definidos, que nos empujan al rechazo de lo que se ha construido.
La identidad es un temazo.
Muy lindo tu blog, me sorprenden tus palabras bonitas. Y déjame decir que son bien concluyentes.
Sofía Vásquez.
Pásate por mi blog.
Esta canción me encanta, y con todo cariño te la dejo acá:
Yo no he sabido de su historia,
un día nací allí, sencillamente.
El viejo puerto vigiló mi infancia
con rostro de fría indiferencia.
Porque no nací pobre y siempre tuve
un miedo inconcebible a la pobreza.
Yo les quiero contar lo que he observado
para que nos vayamos conociendo.
El habitante encadenó las calles
la lluvia destiñó las escaleras
y un manto de tristeza fue cubriendo
los cerros con sus calles y sus niños.
Y vino el temporal y la llovizna
con su carga de arena y desperdicio.
Por ahí paso la muerte tantas veces
la muerte que enlutó a Valparaíso
y una vez más el viento como siempre
limpió la cara de este puerto herido.
Pero este puerto amarra como el hambre,
no se puede vivir sin conocerlo,
no se puede mirar sin que nos falte,
la brea, el viento sur, los volantines,
el pescador de jaivas que entristece
nuestro paisaje de la costanera.
Silvio Rodriguez - Valparaíso
Corrección Pública
Una de mis vidas puede ser la de fotógrafo; la otra, la de estudiante de carrera de prestigio, no es vida, así que técnicamente, vivo 1 sola.
La existencia de una "tercera" vida (segunda, según yo) no la desmiento, pero como tal, no es por lo general, asequible para los integrantes de otra de mis vidas.
{d}
p.s: Karina de los Andes, gracias por un día inolvidable.
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